Voces de la VIDA ETERNA

A la memoria del autor JOSÉ NEULIST – QPD – – Como contactar seres queridos que viven en el mas allá

TESTIMONIOS

“Por primera vez en 8000 años de historia se puede decir con certeza que nuestra mente, memoria, personalidad y alma sobreviven a la muerte física.”

 George Meek (científico americano, uno de los pioneros de la comunicación electrónica con el más allá).

Comuníquese usted mismo con sus seres queridos del mundo espiritual.  Grabe y escuche sus amorosos mensajes. Sin intermediarios ni rituales.

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Libro “¡HOLA DON JOSÉ! Diálogos con mi padre que vive en el más allá.

CAPITULO XII

Cuestionamientos, testimonios y evidencias de la Transcomunicación Instrumental.

El tiempo en la Tierra es corto y la muerte física es inevitable. Todos, algún día, dejaremos este plano de existencia terrenal, pero no moriremos. Sobreviviremos a la muerte y continuaremos con nuestra otra vida en un plano superior de evolución, belleza y paz eterna, no importa cuales sean nuestras creencias religiosas.

Muchas veces, los testimonios acerca de la existencia de la vida eterna provienen de nuestros propios familiares y amigos del más allá.

Una de las más hermosas revelaciones, transmitida por los habitantes del otro lado en diferentes contactos, es que el amor sobrevive a la muerte física y, cuando llegue la hora de nuestra partida del mundo terrenal, nos volveremos a encontrar con aquellos que se nos han adelantado.

Al comienzo de cada transcomunicación hago una breve invocación mental o en voz alta –esto es una elección personal–, en la que pido permiso y protección a los Seres de Luz. Hay quien le pide a Dios, Jesús, Buda, Mahoma o a un referente espiritual al que respeta o le tiene devoción. Otros invocan al Universo Infinito, a la Luz Divina o simplemente ala Naturaleza. Lo verdaderamente importante es hacerlo con un profundo sentimiento de amor hacia quien deseamos que sea nuestro interlocutor.

En ese momento, solicito que la conexión se establezca directamente con nuestro ser querido y no con cualquier otra entidad que se presente. Por eso al invocarlo por su nombre o su apodo, casi siempre logro que las respuestas sean proporcionadas por él mismo.  No obstante, a pesar de tomar estas precauciones, a veces intervienen en las grabaciones sus Maestros, Guías Espirituales o Ángeles, como se podrá escuchar en los mensajes:

Soy un Ángel, yo (Escuchar Pista 45)

 Este Ser de Luz intervino en una de las tantas transcomunicaciones que obtuve con don José, sólo para aclarar que él era un Ángel que acompañaba a mi padre en su camino de evolución espiritual.

En algunas oportunidades les avisan que estamos intentando comunicarnos con ellos, y en otras sólo aportan datos, generalmente relacionados con nuestras preguntas.

Durante una conexión de Alicia con su hija Laura se oye claramente una voz muy dulce que le informa que su madre quiere hacer contacto con ella:

Tesoro, tu mamá… (Escuchar Pista 46)

Laura respondió a continuación con sorpresa y alegría:

¡Maadreee!! (Escuchar Pista 46)

En una nueva transcomunicación, Alicia le preguntó:

– “¿Qué haces en ese lugar dónde estás?”

Y obtuvo una conmovedora y esperanzadora respuesta, probablemente, de uno o varios Seres de Luz:

Laura tiene el Ángel_Canta_Canta Laura_Coro (Escuchar Pista 47)

Inmediatamente después de la inesperada revelación sobre la actividad que tiene Laura en su nueva vida, en la misma grabación se oye un afinado coro, que surge repentinamente de la nada, como si quisieran dar testimonio de que ella también lo integra, como lo afirmaron los Seres de Luz en la transcomunicación. Sin embargo, en su vida terrenal, Laura nunca participó de ninguna actividad relacionada con la música o el canto.

También obtuve una sintetizada respuesta cuando le pregunté a mi padre, como lo hago con cierta periodicidad:

¿Cómo estás, papá?

Contestó:

Perfecto (Escuchar Pista 48)

En una conexión con don José, en la introducción a la pregunta que le iba a formular le dije que era muy importante, y él respondió como si adivinara de qué se trataba:

¡Ya lo veo(Escuchar Pista 49)

Don José ya sabía que iba a estar relacionada con un tema muy conmovedor, porque le pregunté si había visto a Laura, la hija de Alicia, que había partido hacia allí dos años antes.

En el mismo contacto, mi mujer también le preguntó:

– ¿Se acuerda de mí, don José?  Soy Alicia… ¿cómo está?:

Yo bien (Escuchar Pista 50)

Respondió con el mismo timbre de voz que había tenido aquí, en esta vida. ¡El parecido con su voz terrenal es asombroso!

Durante nuestras vacaciones en Mar Azul, una bonita playa de la provincia de Buenos Aires, en el verano de 2009, tuve una nueva confirmación de que mi papá siempre está en contacto directo conmigo, sea cual fuere el lugar del mundo donde yo me encuentre.

Como lo hago habitualmente, en esta ocasión también le pregunté a don José si él me veía y, en tal caso, que me dijera cuál era el color de la remera que llevaba puesta en ese momento. Contestó sin dudarlo:

Es gris…Todo (Escuchar Pista 51)

¡Fue emocionante! El estaba allí, viéndome y confirmando que no sólo mi remera era de color gris, sino también lo era el resto de mi vestimenta cuando dijo:

Todo

Justamente llevaba puesto, además de la remera gris, pantalón corto, medias y zapatillas grises. ¿Casualidad?

A comienzos de 2009 quise saber si mi padre, que había dejado su vida terrenal en mayo de 2000, estaba al tanto de los históricos cambios políticos que se sucedieron en el mundo después de su partida. Y le pregunté:

– ¿Quién es el presidente actual de los Estados Unidos?

Su respuesta fue exacta:

Obama (Escuchar Pista 52)

Ciertamente, Barack Obama, el primer presidente negro de los Estados Unidos, había asumido el 20 de enero de 2009. ¿Cómo pudo saber mi padre de la existencia de este político, si cuando él emprendió su viaje al más allá Obama ni siquiera era un personaje conocido en su propio país, y mucho menos en la Argentina?

El 19 de marzo, día de San José, era una jornada de gran alegría para mi padre en su vida terrenal. Como en casi todos sus onomásticos, este año también transcomuniqué con él, y le pregunté si estaba contento. Confirmó:

Estoy contento (Escuchar Pista 53)

 

No sólo don José se conecta conmigo. También lo hace mi madre, aunque no tan frecuentemente como él.

En octubre de 2007 viajamos a Chile con algunos integrantes del Grupo Argentino de la TCI para participar de un taller de intercambio de experiencias con colegas de ese país, que entonces estaban iniciándose en este apasionante tema de la Transcomunicación Instrumental.

Veinte días antes hice contacto con mi madre,  Isabel, preguntándole si sabía a qué lugar viajaríamos pronto. Su respuesta sonó bastante extraña para mí en ese momento:

Igual van a ir a Chile (Escuchar Pista 54)

Esta premonitoria frase merece ser explicada. Desde el momento mismo de la organización del viaje por medio de una agencia de turismo de cierto prestigio comenzaron las dificultades. Las reservas hoteleras no estaban confirmadas, faltando pocos días para emprender nuestro viaje, según decían, porque no había lugar para todos en el mismo hotel (a pesar de haberlo convenido mucho tiempo antes con esta empresa), los pasajes aéreos llegaron a último momento con precios diferentes a los convenidos –las promociones no eran las que nos habían prometido–. En fin, se produjeron contratiempos de toda índole antes de la partida, que provocaron en nosotros un gran malestar.

Pero esto no fue todo. El día de la salida seguimos sumando inconvenientes. Las ocho personas del Grupo Argentino de Transcomunicación Instrumental, junto a cientos de pasajeros más, nos vimos obligadas a deambular por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza de Argentina durante más de cinco horas. El lugar era un caos, la línea aérea había cancelado varios vuelos, entre ellos el nuestro, y modificó los horarios de salida de otros. Nadie nos informó a qué hora sería la partida.

Finalmente, después de tanta espera nos dijeron que podíamos embarcar. Durante los trámites en migraciones uno de los integrantes del Grupo no había advertido que su cédula del Mercosur estaba vencida, por lo que tuvo que pedirle a un familiar que fuera urgentemente a su domicilio para traer otro documento válido para emprender el viaje. Felizmente este familiar regresó muy pronto con la vieja libreta de enrolamiento del pasajero, justo a tiempo para embarcar. Fue un vuelo sereno y agradable.

Al arribar al Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez, de Santiago de Chile, otra vez nuestro compañero de la TCI fue demorado, ahora por los funcionarios locales. Ellos impugnaron el documento, porque la fotografía era muy vieja y no coincidía con la fisonomía actual del pasajero. ¡Claro!, habían pasado casi 50 años desde la emisión de la libreta de enrolamiento. Los funcionarios no entraban en razones, hasta que, después de consultar con sus superiores jerárquicos, le permitieron ingresar al país trasandino portando su antigua libreta.

Igual van a ir a Chile”, había dicho mi madre en la transcomunicación. Y así fue, a pesar de todos los inconvenientes sufridos, igual llegamos a Chile y lo pasamos muy bien en compañía de nuestros colegas del Grupo Chileno de Transcomunicación. ¡Cuánta razón tuvo mi mamá! ¡Igual fuimos a Chile!

Mis amigos Mary Caamaño y su esposo Antonio García del Campo, muy buenos transcomunicadores ellos, han logrado respuestas asombrosas e inesperadas de su hijo Pedro. Gentilmente me han permitido incluirlas en este libro.

Este es el testimonio redactado por Mary:

“A principios de 1982, nuestra familia estaba compuesta por dos hijas, Patricia, de 16 años, Romina, de 9, mi esposo Antonio y yo.

“Cuando pensábamos que pañales y mamaderas ya eran cosas del pasado, él se anunció. El 7 de octubre de ese mismo año nació Pedro. ¡Cuánta alegría sentimos! ¡Qué lejos estábamos de imaginar que su vida terrenal sería tan corta!

“Desde muy niño, Pedro manifestó un llamativo interés por todos los deportes, pero el fútbol sería una de los más importantes en su infancia y tierna adolescencia.

“El Club Boca Juniors fue su pasión y, aunque jugó en las inferiores de otras instituciones importantes, siempre proclamó su amor por Boca –como podrá apreciar el lector más adelante–.

“El 14 de diciembre de 1999, con apenas 17 años, Pedro partió, como consecuencia de un accidente doméstico (digo “partió” porque hoy sé que la muerte no existe).

“Somos una familia de formación católica, pero en momentos tan atroces y devastadores la razón y la fe se desvanecieron. Entonces, puse a Dios en el banquillo de los acusados –esta fue mi reacción personal–. Sí, a ese Dios al que recurrí en todos los momentos de mi vida, buenos y no tan buenos, al que le pedí infinidad de veces que cuidara a mis hijos.  Le pregunté cientos de veces ¿por qué?, ¿por qué?… No encontré respuesta, sólo silencio y oscuridad.

“Pasaron cuatro largos meses hasta que nos enteramos de que existía una técnica, aparentemente muy sencilla de aprender y de poner en práctica, con la que podríamos comunicarnos con nuestro hijo en su otra vida. Era la Transcomunicación Instrumental (TCI). Sólo necesitábamos un grabador convencional, un micrófono incorporado, un soporte de agua y mucho amor.

“Tuvimos dudas, pero… ¿si fuera verdad de que era posible recibir un mensaje de Pedro?, ¿por qué no intentarlo? Entonces, no lo dudamos más. Así comenzó todo.

“El grabador con el micrófono estaban sobre la mesa, el agua corría muy lentamente en la pileta de la cocina y la primera frase que alcancé a murmurar, emocionada al extremo, fue:

“Dime tu nombre”.

Dejé correr la cinta un instante más y le formulé la siguiente pregunta:

¿Eres feliz? (era lo que más nos interesaba saber).

“Esta fue la primera vez que transcomunicábamos con Pedro, con la ayuda de Amalia y Néstor Sanzón. Nuestra ansiedad era tremenda. Rebobinamos la cinta, listos para escuchar… ¡Y había respuestas!:

Soy Pedro García (Escuchar Pista 55)

“A partir de ese momento inolvidable, volvimos a nacer.

“Después de esta grabación transcomunicamos todos los sábados con Pedro. Desde entonces se sucedieron muchísimas grabaciones más:

Ma…, soy Pedro, soy feliz.

¡Papá, te quiero!

¿¡Qué hacés, ma…!?

Madre, te amo (Escuchar Pista 57)

“En una ocasión, estábamos con mi esposo Antonio remodelando nuestra casa de Mar del Plata y arreglando el jardín. En un descanso transcomunicamos con Pedro. Queríamos saber si él estaba allí y si sabía qué tareas y reformas habíamos realizado en la vivienda.

– “Pedro, si estás aquí… ¿puedes decirnos qué hicimos en esta casa?”:

La respuesta a nuestra pregunta fue absolutamente inesperada y conmovedora:

Sienten mi ausencia.

“En diferentes contactos nos dijo el nombre de sus hermanas y sobrinas, entre otros mensajes. Además, siempre se identifica con su nombre o sobrenombres, con los que lo llamábamos en casa:

Pedro

Pedrito_Iufi (Escuchar Pista 58)

“A veces las respuestas eran muy claras, otras no tanto, pero las voces estaban en la cinta. Era indiscutible, Pedro nos respondía desde otra morada, desde otra dimensión.

“Algunas fechas duelen… y duelen mucho. El 14 de diciembre de 2000 se iba a cumplir el primer aniversario de su partida. Unos días antes estaba pensando yo en eso, mientras mirabala TVsin poder concentrarme en el programa. De pronto apareció el equipo de Boca en la pantalla, jugando con no sé qué otro equipo, mientras que el periodista mencionó que jugaría con el Real Madrid en Japón por la Copa Intercontinental. ¿Casualidad?

“Me dije a mí misma que Pedro no se perdería ese partido y que, de alguna forma, iba a estar presente en el estadio alentando a su equipo –así lo pensé– y que Boca ganaría la copa. ¡Sucedió tal cual! Vimos el partido, mientras nos imaginábamos la enorme alegría que tendría Pedro por el triunfo.

“Pasó el tiempo. Por motivos familiares y también por las vacaciones del verano, estuvimos un par de meses sin transcomunicar con nuestro hijo, aunque siempre sentimos su presencia junto a nosotros. Un sábado de febrero tuvimos la repentina necesidad de escucharlo.

“Preparamos el grabador como siempre. Yo le formulé dos preguntas y mi esposo le pidió que dijera lo que él pudiera o quisiera. La grabación terminó y nos dispusimos a oírla. No podíamos creerlo.

La respuesta de Pedro fue:

¡Boca campeón! ¡Boca campeón! (Escuchar Pista 59)

“Lo repitió dos veces. Tal como lo imaginamos ese 28 de noviembre de 2000, indudablemente Pedro estuvo en ese partido alentando a su equipo y disfrutando del triunfo de Boca. Él quiso manifestarnos su alegría en cuanto se presentara la oportunidad. Y la oportunidad llegó tres meses después, con la transcomunicación que realizamos ese sábado de febrero de 2001.

“Esta es sólo una parte de su hermosa vida.

“Dicen algunos libros que la vida es una gran escuela, donde todos vinimos a aprender algo, y yo agregaría: donde muchos también vienen a enseñarnos algo. Creo y necesito creer que Pedro cumplió con las dos misiones, y luego volvió a casa, a la fuente, a la que todos los seres pertenecemos y muchos de nosotros llamamos Dios”.

Pregunta Mary, en otra transcomunicación con su hijo:

¿Cómo estás en ese lugar?

Pedro respondió:

¡Mejor que humano!

Los tranquilizó al sostener que estaba mejor allí, en ese otro plano de existencia, a pesar de haber sido muy feliz también aquí en su vida terrenal, según lo manifiesta su madre.

Mary, como lo hace con su hijo, transcomunica también con su papá Pedro Caamaño, quien le ha dado respuestas claras y que ningún otro podría haberle transmitido con tanta exactitud.

En un momento de desconsuelo le pide:

– “Por favor, papá, estoy hablando contigo, porque tengo muchas dudas sobre esto. Dime tu nombre aunque sea…”.

Dijo Pedro Caamaño:

Mariquiña (Escuchar Pista 60).

Ante las dudas que le surgieron a Mary en ese momento sobre la sobrevivencia del espíritu en la vida eterna, le contestó, con su acento español (esa era su nacionalidad), una sola palabra: Mariquiña”, que era el apodo con que únicamente él la llamaba. Ni la madre, ni sus familiares, ni sus amigos jamás la nombraron a Mary por su sobrenombre. “Mariquiña” era usado exclusivamente por su padre, que lo hacía otra vez, pero ahora desde el mundo espiritual.

Evidentemente, su papá le contestó con imaginación a fin de darle el testimonio que ella tanto necesitaba ese día.

Nuevamente, en otra transcomunicación, Mary le pregunta:

– ¿Cómo es el lugar donde estás, papá?

Respondió claramente:

El paraíso (Escuchar Pista 61)

Indudablemente, el interlocutor de Mary fue su padre, ya que esas dos palabras las usaba él frecuentemente en su vida terrenal para referirse a algún lugar que le gustaba mucho o donde se sentía cómodo.

Siempre decía: – “¡Esto es el paraíso!”.

Uno de los testimonios más impactantes de la TCI lo obtuve a doce mil metros de altura. Sucedió en un vuelo dela Línea Aérea Lan hacia la ciudad de Buenos Aires. Regresábamos de Bariloche, un hermoso lugar turístico del sur argentino, donde habíamos ido para pasar unos días de descanso, ocho de los integrantes del Grupo Argentino de Transcomunicación Instrumental. Formábamos parte del bullicioso pasaje Mary y Antonio, Noelia y Luis, Amalia y Néstor, Alicia y yo.

Disfrutábamos de nuestro placentero viaje de regreso. El avión iba repleto de pasajeros, en su gran mayoría turistas de habla inglesa. Un fuerte murmullo se añadía al ruido de las turbinas. Sin duda, no estaban dadas las mejores condiciones para realizar una transcomunicación, pero intuitivamente supe que debía hacerlo. Una vez más hice la invocación a don José, solicitándole un testimonio acerca de su probable presencia allí, acompañándonos. Tomé mi pequeño grabador digital y le pedí:

– Querido papá, estoy volviendo a Buenos Aires, y si me ves,¿puedes decirme por qué medio estoy viajando? También me gustaría que me des un testimonio de que estás conmigo.

Él contestó:

Sí, avión.

Y dio su testimonio:

Pubi, te quiero… ¡mucho! (Escuchar Pista 63)

Como siempre, mi padre estaba allí conmigo, en esencia y con todos sus conocimientos, sentimientos y recuerdos indemnes. Con su timbre de voz y acento inconfundibles, respondiendo de nuevo a todo lo que deseaba saber, superponiendo su voz a la de los demás pasajeros, como pretendiendo hacerse escuchar. Mi padre dijo en primer término “Sí” (que él me veía). Luego mencionó el tipo de transporte que estábamos utilizando: “Avión”. Y, por último me llamó por mi sobrenombre: “Pubi”, como lo hacía en mi niñez. Finalmente, y para hacerme saber que él seguía sintiendo un gran amor hacia mí, completó su frase diciendo: te quiero…¡mucho!”. Al finalizar su respuesta puso énfasis sobre la última palabra, “¡mucho!”. Esta era una forma muy personal de expresarse que usaba mi padre en esta vida, aquí en la Tierra.

Don José había salido de su casa después del mediodía, rumbo a una carpintería de la Colonia Alemana para hacer varios trabajos que le habían encomendado. Cuando era necesario, alquilaba las máquinas de esa carpintería para acelerar los tiempos de entrega. Recordé que ese día mi padre había tenido un accidente. En un reciente contacto le pregunté:

– “Yo sé, querido papá, que tuviste un accidente y llegaste muy tarde a casa. Mamá y nosotros estábamos preocupados. Puedes decirme ¿en qué parte del cuerpo fue el accidente?”:

En la mano. Era tarde (Escuchar Pista 64)

El accidente ocurrió un miércoles al anochecer, como lo aclaró él en su respuesta:

Era tarde.

Mi padre no quiso preocuparnos y se las arregló solo, fue a un hospital de la zona acompañado por una persona de la carpintería. Por suerte, los excelentes médicos del lugar le reimplantaron la falange de uno de los dedos que la máquina había seccionado y le suturaron otras dos falanges que estaban bastante dañadas. Esto sucedió en la década del cincuenta. La respuesta de don José fue en julio de 2009 (medio siglo después). Ciertamente, mi padre, a pesar del tiempo transcurrido aún conserva su memoria en perfecto estado y sus recuerdos siguen allí.

En otro momento, quise saber que soporte me convenía usar para obtener mejores resultados con mis transcomunicaciones. Le pregunté a don José:

– Querido papá, ¿con qué soporte me conviene grabar… porque a veces las respuestas están muy débiles y no se entienden bien? ¿El soporte con el idioma chino de fondo, el ruido del agua, el ruido blanco o sin usar soporte?

Muy sabiamente, resumió su respuesta con una sola palabra:

Paciencia.

Evidentemente en este tema aún no hay demasiadas certezas. Muchos investigadores y autores dicen que es conveniente usar agua, algunos hablan de “armar” un soporte con las voces terrenales de quienes serán nuestros interlocutores y otros sugieren usar el ruido blanco.

Mi experiencia personal, hasta el momento, indica que a veces se obtienen respuestas más claras o con mejor volumen sin depender del soporte que se haya usado. Lo que hoy funciona, quizá no funcione más el día de mañana. Aún no sabemos bien de qué depende. Tal vez a otros investigadores les da mejor resultado grabar sobre el ruido blanco de un televisor o de una radio sintonizada en onda corta o entre dos estaciones, o un sonido de lluvia suave y monótono grabado en un CD.

Muchas veces los Seres también se expresan sobre los sonidos ambientales (un arroyo o una cascada, el ruido del motor de un automóvil, el sonido del viento, el canto de los pájaros o el ruido de un avión). Todo puede servir. Hay que hacer varias pruebas y decidir luego qué soporte usar y con quién usarlo.

Recientemente desarrollé un soporte con cantos de pájaros. Pero no de cualquier pájaro, sino los que tenía mi madre en los jaulones del patio de casa, cuyos cantos escuchaba durante todo el día mientras hacía sus tareas hogareñas. Con esa mezcla de sonidos de canarios, mixtos, jilgueros, cardenales, cotorritas y cabecitas negras, es muy probable que definitivamente pueda establecer mejores transcomunicaciones con mi mamá, ya que, en teoría, sus recuerdos y el volumen de su voz serían potenciados por estos sonidos tan familiares.

En la primera comunicación que tuve con mi madre con este nuevo soporte, después de una breve introducción, le pregunté:

– ¿Te parece que esto nos va a facilitar las comunicaciones? ¿Nos podremos conectar más seguido y que yo te pueda entender? Espero un comentario tuyo…

Ella indicó claramente:

Soporte.

Seguramente, de aquí en más, usando el nuevo soporte lograré tener mejores transcomunicaciones con mi madre.

Tal como relaté anteriormente, también hice contacto usando de fondo el murmullo de pasajeros de un avión en vuelo con el agregado del ruido generado por las turbinas de la nave. Otras veces, en un comercio de atención al público, con conversaciones y ruidos ambientales. En medio de las Sierras de Córdoba, con el sonido del viento de fondo más el canto de los pájaros. A orillas del lago Nahuel Huapi y en una playa desierta, con el sonido producido por el oleaje.

– “Paciencia”, como dijo don José.

En la misma transcomunicación él aclara, con su timbre de voz terrenal:

Aprendí a escuchar acá (Escuchar Pista 65)

Probablemente se refiere a que él también tuvo que aprender a escuchar en el más allá, donde “vive” ahora mi padre, en el mundo espiritual. Tampoco debe ser fácil para ellos escuchar, y mucho menos pronunciar claramente las palabras y frases que nos envían con tanto amor. A pesar de todo, cada día tengo más evidencias sobre la continuidad de la vida en el otro lado.

Otra vez se manifestó mi padre, confirmando que era él mismo en espíritu quien me hablaba:

Soy José, yo (Escuchar Pista 66)

También mi mamá, en diciembre de 2007, respondió a mi pedido de que estuviera presente con su brindis durante la Nochebuena, certificó entonces:

Estaremos (Escuchar Pista 67)

En esa oportunidad, con Alicia, mi mujer, nos habíamos alojado en un hotel de la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Decidimos pasar allí la Navidad. Creo que mi madre con su respuesta nos indicó rotundamente que también ella, junto a otros familiares y amigos, nos acompañaría la noche de aquel 24 de diciembre.

Al lado de la piscina del hotel hicimos otro contacto, esta vez con un amigo nuestro que había partido recientemente de este mundo. Le dije que siempre nos acordábamos de él y le pregunté si sabía con quién estaba yo. Me respondió, como si estuviera viéndonos:

Con Alicia, siempre

Marcelino, nuestro amigo, mencionó desde el más allá el nombre de mi mujer, Alicia, que estaba conmigo en el momento de la transcomunicación. También agregó, siempre”, porque hacía más de veinte años que nos conocíamos y, desde entonces, compartíamos vacaciones, salidas y reuniones familiares con cierta frecuencia y Alicia siempre estuvo a mi lado, en cada uno de los eventos.

Mi mujer se contactó nuevamente con su hija Laura, para pedirle ayuda para su hermano Leonardo, que tenía muchos problemas en su trabajo. Su contestación fue:

Es mi hermano (Escuchar Pista 68)

Con esta breve respuesta ella quiso darle un mensaje tranquilizador a su mamá, dando a entender que pediría apoyo a los Seres de Luz que la acompañan en el más allá. ¡Cómo no lo iba a ayudar Laura si es su hermano!

Un día regresaba a casa en mi automóvil. Detenido frente a un semáforo se me ocurrió hacerle una pregunta a mi papá. Tomé mi grabador digital y sin usar soporte, nada más que con los sonidos ambientales y los ruidos del motor del vehículo como fondo de la grabación, le pregunté si me veía y si sabía qué estaba haciendo yo en ese momento. Me dijo:

Manejás (Escuchar Pista 69)

Una vez más comprobé que mi padre estaba allí, viéndome.

A sabiendas de que los Seres de Luz son renuentes a contestar preguntas sobre temas materiales, y muchas veces ni siquiera se puede establecer el contacto con ellos, igualmente quise transcomunicar con don José para pedirle un consejo sobre un trascendente proyecto comercial que me había sido esquivo en varias oportunidades.

Le pregunté directamente lo que más me interesaba saber:

– ¿Papá, se concretará esta vez?

Y sí, ahora sí (Escuchar Pista 70)

Como excepción, mi padre respondió positivamente  la pregunta que le formulé días antes de plasmarse finalmente el proyecto.

Me contestó tal como él hablaba, con su mismo tono de voz, poniéndole énfasis a algunas palabras y en su particular mezcla de español con su alemán natal.

¡Qué emoción enorme sentí al escuchar la grabación! Más allá de su esperanzadora respuesta, sin ninguna duda ¡era él, don José, que me hablaba una vez más!

Al poco tiempo se me ocurrió comparar, con la ayuda de la computadora y un programa de edición de audio, la voz de mi papá correspondiente a su vida terrenal –extraída de antiguos videos familiares– con la obtenida después de su partida física por medio de las técnicas de la TCI. Uní los dos archivos y comprobé, junto con otros expertos en el tema, que en ambos casos era el mismo timbre de voz. Las voces de las grabaciones eran idénticas y pertenecían a don José:

Voz terrenal de mi padre:

Estamos en el día del padre. Familia Neulist. Cinco que se llaman Neulist (Escuchar Pista 71a_Comparación de voz)

Voz paranormal:

Y sí, ahora sí (Escuchar Pista 71b)

Al igual que lo había hecho anteriormente con la voz terrenal de mi padre, esta vez, tomé fragmentos de la voz de Laura de antiguos videos y los coloqué en un archivo nuevo de la computadora, ubicando a continuación la primera respuesta de ella, obtenida por medio de la TCI:

Paz… yo ahora en paz_Laurita_Comparación de voz  (Escuchar Pista 72)

¡El timbre de voz es exacto! Las dos voces son iguales.

Nuestros Seres de Luz, en el otro lado también se reúnen entre sí cuando los convocamos mediante alguna transcomunicación.

Ellos, en sus mensajes, nos dicen que están juntos. Probablemente estén unidos por afinidad.

En ocasiones, algunos integrantes del Grupo nos reunimos y transcomunicamos con nuestros hijos, padres, hermanos o amigos. Cada uno, a su turno, formula una pregunta y deja que el grabador avance un par de minutos. Luego, el siguiente transcomunicador invoca a otro Ser de Luz repitiendo el procedimiento anterior, y así hasta completar la rueda.

De esta forma hemos logrado muchas respuestas, de Luis, Mariana, Emiliano, Pedro, don José y Laura. Casi siempre nos dicen algo para demostrarnos que están allí. Aunque sea con una sola palabra nos revelan que siempre que los convocamos están a nuestro lado y nos acompañan todos juntos, aunque no alcanzaron a conocerse en su anterior vida terrenal.

Pienso que, al igual que nosotros, que aún habitamos este plano de existencia, nuestros seres queridos también se reúnen en el más allá, desde donde se comunican por medio de sus tranquilizadores mensajes:

Está Laura acá

Pedro (Escuchar Pista 74)

Confirmó Laura en una transcomunicación realizada el 29 de setiembre de 2009:

Libre (Escuchar Pista 75)

A pesar de haberse realizado durante el último siglo miles de conexiones con seres espirituales del otro lado, sobre todo a partir del avance tecnológico y la incorporación de modernas computadoras al equipamiento de los investigadores, mucha gente sigue cuestionando aún la existencia de la vida después de la vida, influidos, tal vez, por el temor a conocer más profundamente esta realidad. Sin embargo, allí están las voces grabadas en cintas, teléfonos celulares, grabadoras digitales y computadoras para dar testimonios sobre la continuidad de la vida después de cruzar el umbral de la muerte física.

Sería muy positivo para la humanidad que la ciencia, mediante investigaciones sistemáticas, serias, profundas y hechas con rigurosidad, también obtenga las evidencias que todos los transcomunicadores ya tenemos acerca de la existencia del espíritu que evoluciona en la post-vida.

Preguntas hay muchas, respuestas científicas pocas. Si no es nuestro ser querido… ¿quién contesta entonces nuestras preguntas con datos tan precisos, íntimos y personales? En algunas transcomunicaciones las voces se oyen con el mismo timbre de voz de nuestros amados invisibles que, además, responden con coherencia y lógica… ¿si no son ellos, quiénes son? ¿Cómo se produce el fenómeno de las voces electrónicas? ¿Puede el transcomunicador influir por medio de la telequinesia o de otros fenómenos paranormales sobre el sistema de grabación e instalar allí una respuesta? ¿Pueden quedar “flotando” en el universo ondas de radio perdidas, pero que responden preguntas con certeza?

Tal vez, en un futuro no muy lejano tengamos las respuestas.

Continuará…